Llevaban un rato las luces encendidas y la gente seguía sin creérselo. Sí, el maestro Sabina no iba a volver a salir. Con discreción y ‘Sin embargo’ de fondo -cantado por las masas-, el músico se levantaba de su sitio y abandonaba las tablas.

Sin explicación, sin despedida. La banda, sorprendida, cogía las riendas. Nerviosos, y con la profesionalidad que les caracteriza, los músicos cerraban el concierto.

Pancho Varona continuaba el hit. Antonio García de Diego cogía el testigo y el guitarrista de Los Alarma, Jaime Asúa, cerraba el show.

“Desgraciadamente, Joaquin Sabina ha perdido la voz y no va a poder continuar el concierto”, concluyó su ‘hermano musical’, Pancho Varona.

Poco antes, el cantautor se disculpaba ante el público por no estar dando “su mejor concierto” porque, a veces, “lo físico y lo espiritual” no te lo permiten. El audiotorio se levantó para animarle con un mar de aplausos. Y él confesó que esperaba dar un largo concierto y que, aunque la voz no se lo permitiese, no iba a dejar de cantar. No ha sido así.

Lágrimas, y no de mármol, corrían entre sus fans que atónitos se despedían, sin saber si volverían a verle en el escenario, del gran maestro.

Sin embargo, Sabina ha dado un gran concierto, aunque no haya podido terminar con su habitual “Pastillas para no soñar”, ha emocionado a su público. Desde el inicio con su homenaje a Madrid, sus sinceras palabras, su Lo niego todo, La Magdalena, su generosidad con la banda y sus ojos vidriosos.

Tus fans lo entienden todo.