Ya intuíamos lo que estaba ‘por venir’. Era el ‘Día Mundial de la Felicidad’, había que celebrarlo con música en directo y para ello no había mejor melodía para la ocasión que la de Alejandro Pelayo y Leonor Watling, o lo que es lo mismo, Marlango. O lo que es lo mismo, un puzzle perfectamente acompasado sobre el escenario del teatro Nuevo Apolo, en pleno corazón de Madrid. Definitivamente, la primavera había llegado.

Confieso que es extraña la sensación de presenciar un concierto con el desayuno aún en el estómago pero el buen sabor de boca no fue sólo cosa del café. Ni de las tostadas. Los silbidos, los aplausos, el saxo, la melodía del piano y la voz de Watling tienen mucho que ver.

Delicadeza, sensibilidad y magnetismo son tres atributos que caracterizan a la perfección a la banda madrileña. El descomunal feeling entre ambos artistas es algo más que evidente, toda una fuente inagotable de complicidad y eso se transmite. Con creces.

Mientras Leonor y Alejandro derrochaban talento sobre las tablas y celebraban diez años en el maravilloso pero exigente mundo de la música, bajo el escenario se vivía un espectáculo paralelo: multitud de pequeños de la casa irradiaban felicidad y movían sus pequeñas caderitas al son de temas como ‘Dame la razón’, ‘El porvenir’. ‘Dinero’ o ‘Puede’. El público más exigente quedaba embriagado por la esencia y calidez de Marlango y es que gracias a iniciativas tan bonitas como ‘Los Matinales’ de El País, la sala abre sus puertas a todos los públicos. Una gran noticia para nuestro país, país que tal y como declaraba Pelayo, “no tiene gobierno pero sí esperanza”.

Para colmo, la generosidad de la banda estuvo a la altura de la de El País por reavivar esta iniciativa. Hubo versiones, como 64 de Paul McCartney; Creep, de Radiohead; Vía con me, de Paolo Conte; o Semilla Negra, de Radio Futura, y también hubo sorpresas, como una Zahara sobre el escenario con la sonrisa permanente en un domingo astromántico. Una ‘pena, penita, pena’ lo corto que se hizo.

Como amantes del arte en todas sus vertientes damos las gracias a El País por regalarnos este formato de conciertos matinales. Y cómo no, gracias Marlango por ‘un día extraordinario’.

‘Viva la vida’ y lo que está ‘por venir’.