Son muchos los artistas que, tras una separación, nunca llegan a rayar a la altura con que lo habían hecho con su banda.  Será por aquello del “dos cabezas (o las que fueren) piensan más que una”. Y, qué decir, si hablamos de la banda de pop más importante de la historia…

¿Cómo abrirse camino en solitario tras semejante legado musical?

La dupla Lennon-McCartney fue, sin duda, el eje del grupo de Liverpool. Sin embargo, un servidor siempre ha elegido el “All Things Must Pass” de George Harrison como álbum favorito de entre las respectivas carreras de los fab four por separado. Tal vez en otra ocasión hablaré del bueno de George. Pero hoy quería hablarles de Sir Paul McCartney, y es que hace poco cayó en mis manos un disco que me hizo dudar de tal afirmación…

Desde la disolución de The Beatles en 1970, McCartney ha sacado más de 20 discos de estudio, tanto en solitario como con los Wings, grupo en el que formó junto a su esposa Linda durante la década de los 70, fruto del cual surgieron álbumes como el exitoso “Band on the Run” (1973).

Hubo que esperar dos décadas. Paul había participado en el proyecto The Beatles-Anthology, un repaso a los temas de la banda, hecho que supondría un aliciente para el artista a la hora de crear un nuevo trabajo. Fue en 1997 cuando se publicó “Flaming Pie”. Un disco con un sonido impecable, repleto de buenas canciones, algunas sobresalientes, al más puro estilo Macca. Para ello contó en la producción con el polivalente Jeff Lynne y, a los mandos del sonido, el ingeniero Geoff Emerick, con el cual Paul ya había trabajado durante  la etapa beatle en álbumes de la talla de  Revolver, Sgt.Pepper’s Lonely Hearts Club Band o Abbey Road. Casi nada.

El recientemente desaparecido George Martin también aportó su sello en dos de las pistas, la maravillosa “Calico Skies”, y en el último corte, “Great Day”. Ambos se grabaron, en 1992, con anterioridad al resto de temas,  que lo hicieron entre 1995 y 1997. El disco contó con varias colaboraciones destacables.  Ringo Starr participó en dos de las canciones, incluyendo uno de los sencillos, “Beautiful Night”, la cual había sido compuesta 10 años antes.

Steve Miller aportó su guitarra en varios de los temas más rockeros, incluyendo la voz principal en  la casi improvisada “Used to be Bad”.

No podía faltar la aparición de Linda McCartney, en lo que a la postre sería el último trabajo en el que colaboraría junto a su marido, ya que desgraciadamente ésta fallecería al año siguiente de publicarse el disco.

Incluso James, el hijo de la pareja, participó por primera vez grabando unas guitarras en uno de los mejores temas del disco, la exquisita “Heaven On a Sunday”. Como curiosidad, Paul se encargó de grabar todos los instrumentos principales del disco: bajos, pianos, la mayoría de guitarras….incluso las baterías (exceptuando los temas en los que Ringo hizo lo propio). En definitiva, un disco de gran calidad de un artista inigualable e irrepetible. Historia viva de la música. Seguro que algunos de estos temas sonarán el próximo 2 de junio en Madrid. Todavía están a tiempo.

No digan que no les avisé.